domingo, 9 de febrero de 2014

PEDRO DE PAZ.- El documento Saldaña

En su opinión, las dos mayores patrias a las que una persona podía aspirar a lo largo de su vida eran los seres a los que había amado y los libros que había leído. Puesto que de la primera de ellas no le quedaba vestigio alguno, Cortés se aferraba a la segunda con toda su alma.

Le fascinaba evadirse refugiándose entre aquellos libros de Historia Militar, evocando tiempos pasados en los que aún existían una serie de valores, códigos y normas por las que los hombres vivían, luchaban y morían.
Hoy en día ya no quedaba una mierda de todo aquello. Honor, lealtad, nobleza, honestidad. Palabras huecas en un mundo hueco. Palabras vanas que usar como moneda de cambio. Por ese motivo, su último amparo eran aquellos libros en los que aún podía encontrar el leve vestigio de algo perdido hacía ya mucho tiempo, el rastro de una esencia a la que Cortés concedía el valor que realmente tenía. Y de ese germen había nacido su pasión por aquel tipo de lecturas. 

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