martes, 15 de marzo de 2011

¡Indignaos!, STEPHANE HESSEL, JOSE LUS SAMPEDRO

Stéphane Hessel tiene, a sus noventa y tres años, una biografía dedicada a ese concepto que hoy ha caído en el olvido: el bien común. Formó parte de la Resistencia francesa, escapó a la muerte en los campos de concentración nazis, trabajó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha sido embajador de Francia ante la ONU y todavía hoy es defensor de la causa palestina; sin duda, su currículo le hace acreedor del derecho a lanzarnos este grito «¡Indignaos!».
En este panfleto, Hessel hace un somero repaso de las luchas de su vida y, desde el final de su camino, parece comprender que todo aquello por lo que tantos hombres y mujeres lucharon y murieron, nos está siendo arrebatado. De ahí surge un llamamiento a una insurrección pacífica contra el presente modelo productivista, que nos empuja en una huida hacia delante que el autor resume en la frase «siempre más»; una insurrección pacífica contra una sociedad que no propone « [...] otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos.»
Al finalizar la guerra, la Resistencia propuso un ambicioso programa para reconstruir una sociedad de la que sus ciudadanos pudieran estar orgullosos. Se creó la Seguridad Social con el objetivo de procurar sustento a quienes no pudieran obtenerlo por medio de su trabajo, así como una jubilación que permitiera a los ancianos trabajadores finalizar sus días con dignidad. Se postuló una organización racional de la economía que subordinase los intereses particulares al bien general. Se exigió la libertad de prensa y la independencia de esta de los poderes políticos y económicos. Se trabajó en favor de una enseñanza obligatoria, universal y gratuita de calidad.
Aquellos logros, los cimientos de las conquistas sociales obtenidas a tan alto precio, están hoy —defiende Hessel—, en tela de juicio. El poder del dinero es tal que se atreve a decirnos que no es posible garantizar los costes de estas medidas que los ciudadanos (y nadie más) se dieron a sí mismos; sin embargo, la realidad es que el dinero necesario para llevarlos a cabo está en unas pocas manos. Y la distancia entre ricos y pobres se acrecienta sin cesar.
Ese es un buen motivo para la indignación. Y en la indignación está el origen de la resistencia. De ahí que Stéphane Hessel nos llame a indignarnos, como primer paso hacia una resistencia que nos conducirá a plantar cara a un estado de cosas injusto. La amenaza puede hoy no aparecer tan clara como aparecía entonces, cuando los alemanes invadieron Francia y era evidente quién era el enemigo. Ante esta amenaza difusa, no por ello menos real y ominosa, el autor nos invita a buscar cada uno situaciones concretas que nos sirvan de motivo de indignación, que nos sacudan de encima la indiferencia y que nos lleven a emprender acciones ciudadanas.

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