domingo, 17 de febrero de 2013

CHUFO LLORENS-. Mar de Fuego




Chufo Llorens vuelve a deleitarnos  con las aventuras y desventuras de Marty Barbani, propietario de una flora marítima comercial, entremezclando su historia familiar de lucha entre clases sociales tan diferentes como el clero la nobleza y el pueblo llano, y sus interrelaciones,  historias reales entretejidas con otras ficticias, de esclavitud y liberación. Comenzando en la Barcelona del año 1063 gobernada por la condesa  Almodis de la Marca, esposa de Ramón Berenger I, se suceden de forma trepidante las intrigas palaciegas, aventuras en el mar, amores y sentimientos que van desgranando las vidas de los protagonistas. 

sábado, 16 de febrero de 2013

HERMANN HESSE.- Siddhartha


Miró alrededor como si viera el  mundo por primera vez. ¡Que hermoso era aquel mundo!      Variado, extraño y enigmático  azul aquí, amarillo y verde más allá; las nubes se deslizaban como el río; el bosque  y las montañas conjugaban su estática belleza: todo era misterioso y mágico. Y en medio de todo esto, él, Siddhartha: ya no eran los hechizos de Mara, no eran ya el velo de Maya, dejaron de ser la absurda y contingente multiplicidad del mundo de las apariencias, indigna de los profundos pensamientos del  brahmán, que la desprecia y sólo busca la unidad. Para él, ahora , el  azul era azul  y el río era río;  y aunque en el azul y el río vistos por Siddhartha subsistiera, latente la idea, la idea de unidad y de divinidad, no era menos representativo de la condición divina el ser aquí amarillo, ahí azul, más allá cielo y bosque y aquí otra  vez  Siddhartha. El "sentido" y la "esencia" no se hallaban en algún lugar tras de las cosas, sino en ellas mismas, en todo. 

¡Que sordo y limitado he sido!  -pensó luego aligerando el paso-. Cuando alguien lee un texto cuyo sentido quiere descifrar, no desdeña los signos ni las letras, ni los considera una ilusión, un producto del azar o una envoltura sin valor, sino más bien los lee, los estudia y los ama, signo por signo y letra por letra. Pero yo, que deseaba leer  el libro del mundo y el libro de mi propio ser, desprecié sus signos  y sus letras en función de un sentido que les había atribuido de antemano. Y denominaba ilusión al mundo de las apariencias, considerando mis ojos y mi lengua como fenómenos contingentes y sin valor alguno. Pero esto ya pasó: me he despertado, estoy totalmente despierto y hoy, por fin, he nacido.